Las reuniones de Copas Ajenas ya no son lo que eran. Los veteranos, como Felipe, Manolo, Luis, Fede y yo mismo, que casi cada lunes hemos desafiado el tiempo adverso y las creaciones de Javier de las Muelas con una vitalidad que no debería ir acorde con nuestra edad real, que no mental ni física, llegando a tener a Kola -- el artista de las combinaciones más exótico de Gimlet-- como un colega, añoramos aquellos tiempos en los que éramos como príncipes más que mendigos, porque el género masculino era rara avis en las reuniones que atraían (todavía lo hacen y en mayor número) a algunas de las mujeres más interesantes de la ciudad, que han llegado donde están (y no me refiero a las mesas y la barra) demostrando valía profesional como perfecto complemento a su atractivo. Si un día faltaba uno, siempre se le echaba de menos, incluso por parte de los compañeros, que se ‘sacrificaban’ hablando más, intentando ser más graciosos y prodigando atenciones y cumplidos.¡Qué tiempos! ¿Por qué a alguien se le ocurriría propagar el desequilibro de géneros existente en la sagrada sede de Santaló? Al mismo tiempo que la diversión cambiaba el ambiente del lugar, aumentando la presencia de damas de nuestro tiempo, el club de veteranos se fue incrementando en proporciones razonables (aunque quizá alguna pensase que no lo suficiente ni con la ITV de calidad pasada), siempre bien recibidos y sin tener que pasar rito alguno de iniciación. Pero el éxito tuvo un precio a pagar y, poco a poco, empezaron a llegar las huestes de auténticos invasores, llamados por la tentación de los mejores perfumes y los estilos más cuidados (no hablo de aspecto físico, que eso es más personal), dispuestos a hacerse un sitio sin preguntar siquiera si había acciones en marcha, atreviéndose incluso a picar las aceitunas y las chips, el pequeño desliz que se permiten las chicas los lunes en público. Si hasta ha habido quien ha venido por primera vez y a los dos días (exactos, no metafóricos) ya había rehecho su vida, ante un asombro general que nada tenía que ver con los foxtrot, los mojitos o los gin tónics con rodaja de pepino.
Nadie va a desertar, y menos yo ahora que Ágata me ha dado su teléfono después de meses de insistencia, pero creo que los héroes de las primeras contiendas merecerían un trato de favor, cuando menos algunas raciones extra de chips, lo mismo que la doctora Montse Querol, reina de la estética no intrusiva, que es la única mujer que no se ha perdido un encuentro y nos ha aguantado a todos con su saber estar y quizá con la vocación profesional de estar presta a una urgencia por los efectos del alcohol o el amor, aunque nadie (bueno, alguno sí, pero queda hasta pintoresco) quedó visiblemente afectado por los primeros en los encuentros y la discreción marcó casi siempre la aparición del segundo, o casi, porque algún flechazo fue tan evidente que alguien se sintió salpicado. Y sólo hay que estar atentos, porque Mónica Ferruz, aunque juegue al despiste, e Imma Raventós, ya son objetivos evitentes de tímidos caballeros por no citar más soñadas dianas.
Cómo escapar si se han reafirmado amigos hasta extremos impensables y se han abierto nuevas relaciones que nunca se pasaron por la cabeza y ahora han ido creciendo con el intercambio de simpatías hasta cobrar firmeza. Anna Alós sigue dispuesta a prepararme un café con leche intempestivo en su casa, aunque sea con soja; si ahora quisiera que me tocase la loto, sólo tendría que acercarme a Eva Pous, ganadora en 3 sorteos; en el caso de que quisiese un Jaguar o un Rover, tengo claro que Víctor de la Oliva y Jordi Martorell por lo menos me dejarían sentarme en uno; si quiero trabajar en Vogue, aunque sea como repartidor, Silvia Fauró seguro que me dará la oportunidad de emprender una carrera, lo mismo que Cuca Prat, que tiene tantas revistas en la editorial MC que no puedo recordarlas, por lo que podría colar una de Copas Ajenas; que no veo claro, Sandra G me buscará un buen descuento en Òptiques Tutussaus; si quiero tomar el sol en un ático, no dudo de que Alicia me dejará una hamaca en su feudo de la calle Muntaner y me alisará la cara con su maquinita; que un día me da por hacerme travesti, me acercaré a Jose María Donat Donat y Totón Comella, de TCN, y a Soledad Álvarez (hija de Purificación García), de Sayan, que me abrirían el armario, mientras que Anna Miquel me invitaría al Meridien y Pat Saurí seguro que me dejaría la suite nupcial del Axel para dejar el vestido de novia de Rosa Clará, que una y otra vez me niega el puesto de maletero en sus viajes pero la quiero; para el caso de consiga una vivienda de protección oficial y la quiera decorada como un divino, Manu Núñez, con la que voy camino del incesto mental, y su hermana, Isa, me la dejarían de envidia con la colaboración material de Miquel Plana y su cadena Los Tigres. Si aspirase a la política, Alberto Fernández Díaz me aconsejaría que no lo hiciese, seguro; Marian Galindo, irresistible con su encanto, me ha prometido llevarme a una playa nudista en el Garraf, aunque no sé si estaré en condiciones de descender por caminos de cabras con todo al aire, aunque llevaré puesto el reloj de Jordi del Toro, que tiene su Temps de Lux abierto para todos los coperos; que un día paso hambre, seguro que Alfonso García me pone un platito de jabugo en su Casa Alfonso que, naturalmente, me comería en el mar y en un barco que me buscaría María Iriarte, pero nada de pesquero, y a los que me llevaría a Edu Estapé (por la música que pincha), Yolanda Muxí, por su alegría, y Práxedes Papasseit, que está muy blanquita como buena pelirroja, además de Pepe Bosch, para ver si hablamos en serio de negocios con Luis Mohedano, el hombre de Air Shop. En serio, que nadie piense que le dejaría en tierra, porque un crucerito, sin problemas para fumar un excelente puro de Fernando Navarro, y con Kola al timón del bar, sería como una reunión del Gimlet y soy adicto.
